Pues hoy me quedé sin gasolina, cosa común hoy en día ya que los carros que conduzco sufren de ese extraño problema de que cuando se les acaba la gasolina dejan de funcionar. Y bueno, afortunadamente la cosa pasó con una gasolinera a tan solo dos cuadras.

El problema fue encontrar una garrafa pues la que habitualmente está en la cajuela misteriosamente ha desaparecido. Así que en una tienda fui a preguntar si por casualidad tenían una que me pudieran prestar mientras llevaba la gasolina.

La dueña del lugar, o encargada, se dio a la tarea de vaciar y limpiar una botella como de litro y medio de detergente líquido y me la ofreció. Yo sinceramente pensé que me la iba a prestar pero cuando traté de tomarla me dijo:

“No señor! Las vendo en 10 pesos!”

Sin salir de mi sorpresa saqué los 10 pesos de mi bolsillo y me fui del lugar un poco incómodo por la situación pero al final del día rescato el hecho de que los negocios así son. Simplemente abusar de la necesidad del desconocido para sacar provecho.

Ok, lección aprendida. Tal vez para aplicarla a partir de hoy, o tal vez para jamás aplicarla en mi vida. Me resisto todavía a ser como esa mujer. Pero quien sabe. Tal vez un día seamos igual de perros todos.

Buenas noches!